viernes, 1 de agosto de 2014

No soy aire

Las cosas se alargan. Se tarda en salir de algo para entrar en lo siguiente. Sigo aquí, en un sitio en el que no quiero estar del todo, agobiado, encerrado, rodeado de paredes que se van cerniendo a mi alrededor y que poco a poco van comprimiéndome. El aire es capaz de encontrar una salida, a cada segundo que pasa, queda menos de él, pero yo no puedo traspasar estas paredes y salir volando. No puedo mezclarme entre los olores, no puedo formar corrientes.

Quisiera originar un tornado. Breve. Intenso. Fuerte. Quisiera aparecer y desaparecer. Que la gente me temiera, que la gente me respetara. Quisiera ser el aire que traspasa sus pulmones. Quisiera ser ese aire que les da la vida. Querría poder jugar a ser oxígeno, a ser nitrógeno y a ser hidrógeno. Quisiera ser un gas noble. Quisiera jugar al escondite con la ciencia.

No soy aire. Soy de carne y hueso, y las cosas me afectan. Ni siquiera el aire está en una caída perpetua. Se encuentra con el suelo, se calienta y remonta el vuelo. No soy aire, y mi caída está siendo demasiado larga.


Quisiera lanzarme hacia el cielo. Quisiera ser ozono. Quiero dar vida, y no quitarla. Quiero secar lágrimas, sin provocarlas antes. Quiero reír y no acordarme de la tristeza.

Quiero ser un humano al que no todo le salga mal.

Quiero, y sin embargo no tengo... Contra el vicio de pedir, está la virtud de no dar. Supongo que algunas personas se lo aplican más que otras.

Triste y terrenal.
Syndicate


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