miércoles, 13 de agosto de 2014

Suelta

Papá ya no es lo que era. Papá se muere. Papá está muerto. Son las únicas palabras que Mickey puede pensar agarrando la rígida mano que le tienden. La vida que tiene agarrado no es la de su padre, es la de un muñeco que hace ruidos al moverse y que mantiene la carcasa de lo que fue una vez una vida.

Pero aun así, la gente sigue llegando todos los días, sigue apretándole la rodilla con una sonrisa y siguen diciéndole que las cosas van a ir a mejor. Que le ven con más energía, que le ven más animado. Mickey quiere morirse en esos momentos, quiere cambiarse por cualquier vida que se esté escapando en ese momento del hospital, y que durante unos instantes sufran lo que sufre él. Seguro que querrían volver a estar muertos.

Es un saco de huesos y pellejo. No está más animado. Mickey mira hacia la cama, haciendo un esfuerzo por girar el cuello, y notándolo dolorido por las largas horas de hospital. El cuero tira de su piel, intentando mantenerlo a raya, intentando que se funda con él en un abrazo sin fin. A fin de cuentas, va a ser lo más piadoso que tenga en lo que le queda de estancia.

Su padre, con los ojos cerrados la mayor parte del tiempo, respira con dificultad, con la mascarilla de oxígeno ajustada entre las orejas sigue aguantando. El muñeco no le deja irse, y le hace sufrir noche tras noche. Violentos golpes sacuden su cuerpo. Noche tras noche papá recibe una paliza y nadie hace nada.
Las enfermeras rehúyen la habitación. Mickey gritaba al principio clamando por ayuda. Ahora simplemente sostiene la crispada mano de su padre y llora rogando por que termine pronto. Susurra palabras de aliento. Por favor, dejad que le llegue que le quiero mucho.

Por favor, suéltate ya, papá. Suéltate.

Las paredes verdes de la habitación se convierten en césped, en plantas, en gigantes de hojas y ramas que le aportan el oxígeno que necesita para seguir con él. Por sus venas corre una savia que inyecta un profesional cada 5 horas puntuales, y que hace que se retuerza. Las ramas se resisten, se cierran las hojas como una mimosa cuando intuyen el cercano pinchazo, pero aun así, el metal es capaz de atravesar la coraza de madera, es capaz de llegar a sus venas, y hacer que la cuenta atrás aumente.

Dejadle ya.

Mickey llora cada vez que ve los uniformes verdes de bata blanca. Incluso ellos dicen que ven con más ánimo al cadáver que respira. Ellos no ven que está muerto. No huelen la carne en descomposición, no ven los gusanos que reptan entre las sábanas, no ven las moscas del ambiente. Ellos siguen insistiendo en que hay que aferrarse a una esperanza que no termina de llegar.

Y mientras tanto, sigue la corriente de visitas. Nunca más de media hora, nunca más de uno cada vez. Nadie es capaz de relevarlo. Por piedad, le han acercado otra cama, para que pueda dormir un poco, para que las raíces no le engullan contra el suelo. Aun así, es incapaz de usarla. Se tumba, se arropa, y sus ojos no son capaces de cerrarse, porque le siguen viendo. Y si quiere girarse en la misma cama, y quiere mirar hacia la pared, papá le llama haciendo pitar algún instrumento.

Le está robando la vida, y alimentándose de ella. Está prologando la agonía de papá y está llevándose su vida…
Papá está muerto. No pueden oler la carne podrida. Ahora podrán…

Quita la almohada. El pitido es uniforme. Derriban la puerta. Le derriban a él. Las raíces terminan de tragarle cuando la celda se cierne sobre él, y el martillazo que le sentencia unirse a su padre resuena contra toda la sala.

Estaba muerto, y le mató en el camino.

domingo, 10 de agosto de 2014

Intentos

Llevo todo el día pensando que la sensación de escribir algo largo de ayer fue increíble. Pensaba que la entrada de ayer ocupaba menos cuando la terminé, y la verdad es que fue una grata sorpresa cuando al publicarla ocupaba tanto. Y aunque seguro que con más tiempo y cuanto más escriba en el blog las entradas serán más consistentes, con más fuerza y menos relleno de contenido. Sí, sé que puede parecer que doy mil vueltas a las ideas, en vez de atacarlas de frente. O al menos esa sensación me da cuando las releo. Será algo que irá mejorando con el tiempo, espero.

Y es que la expresión escrita no es algo que mejore de un día a otro. Mucha de la gente que me lee por aburrimiento, curiosidad o una razón X espero que coincida conmigo en que es una cosa que hay que ir entrenando día a día. Hay que leer mucho. Y hay que escribir muchísimo. Debería obligarme a escribir todos los días, y de hecho fue la idea de esto. Empecé a pensar que igual algún día si me da por escribir un relato igual lo lanzo por aquí. Algunos de los últimos de los que escribí (para mi gusto los mejores) a mí madre no le terminaron de llenar, y eso me desanimó bastante. Mi madre siempre ha sido la que ha dado el visto bueno a todo lo que escribía antes de presentarlo a cualquier sitio, supongo que es por eso que si algo no termina de pasar su criterio, lo guardo para mí.

No es que le eche la culpa a mi madre de haber dejado de escribir, pero sí que tengo que reconocer que le hecho de intentarlo, intentarlo, intentarlo y no lograrlo me desanimó un tanto. Pero para esto está esto, para intentar recobrar la inspiración, el goce de crear algo por mí mismo. Vale, esto no vale una mierda, pero simplemente es para coger el gusto de nuevo de apretar las teclas, de seguir con esa ilusión de escribir...

Ojala algún día vuelva la magia de la escritura a mis manos... Ojala...

Nostálgico y con ganas de apretar las teclas
Syndicate

sábado, 9 de agosto de 2014

Digno hijo de mi madre

Alguien me dijo una vez "No te cabrees por lo que te voy a decir, pero es que eres digno hijo de tu madre". En ese momento, estaba cabreado. Estaba teniendo una bronca muy grande, pero fui capaz de parar un instante para pensar sobre qué quería decir con todo aquello. Sonreí y le dije "Y orgulloso que estoy de ello".

Obviamente, en ese momento no era un cumplido. Pero la verdad es que me lo tomé como tal. Deberíamos sentirnos orgullosos de que nuestras raíces se sientan. Y no me refiero solo a lo que tu padre pueda decirte mientras está cabreado y que luego tú aceptes como expresión tuya. No, igual estoy siendo presuntuoso, pero me gustaría abarcar un poco más. ¿Qué es parecernos a nuestras raíces? ¿Hasta dónde llegan y hasta dónde podemos decir que somos unos seres únicos? Somos seres experimentales, y te guste o no te guste, incluso la manera en la que el kioskero te trataba de pequeño pertenece a tus raíces.

Rápido, de prisa, sin pestañear, piensa en un amigo tuyo, en alguien que diga algo muy característico. Una frase, un sonido, un algo. ¿Lo tienes? Venga, va. Ahora piensa, ¿es de verdad ese algo suyo? Aquí igual recibo lapidaciones, pero es que la originalidad no existe como tal. Ni siquiera esto es original, de hecho, vi un vídeo de un youtuber que pensaba más o menos como yo, sólo que con un giro distinto.
Pero para no irme por las ramas sin ningún sentido, ¿sigues pensando en ese amigo tuyo? ¿No? Joe, qué memoria más frágil tenéis. Venga, espero, espero, espero... ¿Que todavía no? Ah, calla, vale, ya, ya. Si en realidad ya lo habréis averiguado. De qué va todo esto, me refiero. Soy demasiado previsible, pero ahí va. Ese guiño, ese comentario, ese X, no es "suyo". Y con suyo me refiero a que no surgió de la nada. ¿De dónde viene? Vaya usted a saber. Puede venir de un comentario hecho de alguien. De un anuncio. De una película. Incluso de la combinación de el afilador de la calle con la última canción punk del momento y el gato maullando de fondo con el sonido de la vecina del tercero teniendo su momento All Bran.

A lo que me refiero, y espero que nadie malinterprete esto. Yo estoy orgulloso de quién soy, estoy orgulloso de dónde vengo y soy capaz de admitir que nada de esto ha surgido de la nada. Puedo afirmar que fue ese comentario el que me impulsó a pensar sobre esto, sobre lo que de verdad significa.
Yo admito que mi madre es uno de los pilares de mi vida. Es la persona a la que más quiero en este mundo, y no tengo miedo a decírlo. De hecho, hasta hace poco sí que lo tenía. Pero leí de hecho un tweet que decía algo así como "Acabo de escuchar a mi hijo decirme 'Te quiero' y me he puesto a llorar como un idiota.". Y yo pensé "Joder, qué tontería, eso se da por hecho y seguro que se dice más a menudo de lo que se piensa". Pero empezando a recordar momentos, los "Te quiero" que nos intercambiamos en mi familia al menos siempre iban disfrazados en mitad de algo "Broncabroncabronca CON LO QUE TE QUIERO YO broncabroncabronca". Para que lo entendáis más o menos.

Así que el otro día (hace unos tres meses, cacho tiquismiquis), me armé de valor. Estaba teniendo una conversación trivial con mi madre por el teléfono a la salida de un examen, creo recordar. Mi madre siempre me dice que la llame en cuanto salgo de los exámenes, y es que de verdad se preocupa si no la llamo. La cosa fue que ese examen había salido bastante desastroso, y salía bastante hecho polvo. Y no sé qué superpoder tiene mi madre, que consigue que una vez llorado algo, no le vuelva a dar vueltas a la cabeza. Me mira, me acaricia, me habla tranquilamente, pero mi madre es una de las pocas personas que me entiende de verdad. La cosa es que al terminar la conversación, en la que yo quedé tranquilo y motivado para seguir, me armé de valor y lo solté "Bueno, mamá, me están esperando. Te veo para la hora de la cena. Te quiero..." Y yo noté que se quedaba callada unos instantes al otro lado del teléfono. Yo sé que ella me quiere. Yo sé que le toqué la fibra. Y ahora no tengo problemas en decirle a mi madre todos los días que la quiero.

Yo sé que ella sabe que es lo más importante en mi vida. Pero nunca está de más recordárselo. Ella se quita importancia. Dice que no estaremos allí siempre, y posiblemente tenga razón. Al fin y al cabo, crecemos. Yo ya me quiero independizar, pero sé que siempre que ella siga en este mundo, voy a tener una roca a la que agarrarme si la corriente es muy fuerte. Sé que voy a tener unos brazos bajo los que llorar, y sé quién va a ser la primera persona a la que voy a llamar cuando algo salga bien.

Yo sé cuales son mis raíces, y no puedo estar más orgulloso de ellas.
Estúpido y sensual
Syndicate

lunes, 4 de agosto de 2014

10 días

No sabéis la satisfacción que produce ver una página entera con una creación tuya. El miedo que se pasa cuando la vas llenando, palabra a palabra, frase a frase. En los primeros momentos, como puede ser ahora, tengo que reconocer que lo paso mal, me agobia el hecho de que lo que quiero expresar ocupe tan poco, me da la sensación de que no termina de quedar claro a qué me refiero. Y peco de rellenar con muchísima paja.

Solo me quedan 10 días antes de poder pensar que voy a tener un pedazo de fragmento de verano, y señor qué larga se está haciendo la espera.


Notar el sol, pero notarte encerrado entre cuatro paredes. Salir, y saber que tienes un contador encima de la cabeza. El sentimiento de incomodidad general, el de que este no es tu sitio.



Dicen que el verano es un momento de desconexión del mundo. Yo cada vez pienso que es el momento en el que me toca conectar de verdad con lo que tengo aquí, de lo que no puedo escapar. Mi hermano ha estado todo el mes de Julio perdido por el mundo, y sí que es verdad que se preocupaba por lo que pasaba aquí, pero es diferente a tener que vivirlo día a día, a tenerlo a simplemente unos metros de distancias. Dosis de realidad para todos, además gratuitas, y sin poder escapar.


Me siento un egoísta cuando pido por un poco de tranquilidad. Y es que es cierto que cuando yo me vaya de esta casa, voy a hacer lo mismo que mi hermano, pero yo lo necesito, de verdad que sí. No he tenido ni siquiera dos días de tranquilidad en el último mes y medio, y cuando no era X era Y. Y cuando no, una Z bien grande que no me dejaba disfrutar del todo, terminar de desconectar de toda la mierda que es esta vida. Necesito dos semanas de no pensar en nada, de pensar que de verdad la vida a veces te sonríe y que no necesitas a nadie más que a ti mismo para ser feliz.

No sé por qué parece que no puedo con todo. Me ahogo. Tengo que vivir en ciertas condiciones por ciertas decisiones que no me competen. No entiendo muchas de las cosas que suceden a mi alrededor, y sin embargo no puedo decir nada. ¿Qué me espera cuando todo queda decidido antes de que yo pueda decir nada? Dependo de todo el mundo para moverme. No me gusta nada.


En Madrid soy un nómada. No me quedo quieto. Casi podría decir que paso más tiempo despierto en el transporte público que en casa.


Hoy no sé lo que me pasa, y sin embargo, es la vida lo que me está pasando por encima.

De vez en cuando hay que escribir entradas sin pies ni cabeza para poder encontrar las manos en el medio, para poder tocarte el ombligo y convencerte que esto es real, que es lo que te ha tocado, y ni más ni menos...

Pensante, nervioso, sin sentido...
Syndicate

viernes, 1 de agosto de 2014

No soy aire

Las cosas se alargan. Se tarda en salir de algo para entrar en lo siguiente. Sigo aquí, en un sitio en el que no quiero estar del todo, agobiado, encerrado, rodeado de paredes que se van cerniendo a mi alrededor y que poco a poco van comprimiéndome. El aire es capaz de encontrar una salida, a cada segundo que pasa, queda menos de él, pero yo no puedo traspasar estas paredes y salir volando. No puedo mezclarme entre los olores, no puedo formar corrientes.

Quisiera originar un tornado. Breve. Intenso. Fuerte. Quisiera aparecer y desaparecer. Que la gente me temiera, que la gente me respetara. Quisiera ser el aire que traspasa sus pulmones. Quisiera ser ese aire que les da la vida. Querría poder jugar a ser oxígeno, a ser nitrógeno y a ser hidrógeno. Quisiera ser un gas noble. Quisiera jugar al escondite con la ciencia.

No soy aire. Soy de carne y hueso, y las cosas me afectan. Ni siquiera el aire está en una caída perpetua. Se encuentra con el suelo, se calienta y remonta el vuelo. No soy aire, y mi caída está siendo demasiado larga.


Quisiera lanzarme hacia el cielo. Quisiera ser ozono. Quiero dar vida, y no quitarla. Quiero secar lágrimas, sin provocarlas antes. Quiero reír y no acordarme de la tristeza.

Quiero ser un humano al que no todo le salga mal.

Quiero, y sin embargo no tengo... Contra el vicio de pedir, está la virtud de no dar. Supongo que algunas personas se lo aplican más que otras.

Triste y terrenal.
Syndicate